EL PATHOS DE LA DISTANCIA

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sábado, 3 de septiembre de 2011

Una lágrima...



Una lágrima advierte su fragilidad
cuando los labios sellan las palabras
dentro del suspiro de tu voz:
rosa negra a media noche,
uña de gato en tu piel desnuda.


Porque el grajo ya no advierte
de las tormentas de tus ojos.

Y te siento como gota en el lápiz
que sostiene mi duelo ensangrentado;
y te siento marchita como otoño,
cristal derramado por mis venas de alcanfor;
como hielo picado en un pliegue de mi boca;
como el prisma que refracta tus delirios
en imágenes que mienten sobre un lienzo
acabado por la huella de tu mano.


Intento recordar aquellas noches
en las que posabas mariposas en mi vientre
y, los pétalos, eran tus miradas de papel.

Mi prisión de tiempo desvanece el fuego
que guardábamos para el frío del invierno
y, ahora, la escarcha cuelga cristalina
sobre un olvidado limonero caduco
con desafiantes espinas de recuerdo;


y la luz atesora su escondite color malva
tras la mirada de un niño de incubadora.

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