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sábado, 3 de septiembre de 2011

Una lágrima...



Una lágrima advierte su fragilidad
cuando los labios sellan las palabras
dentro del suspiro de tu voz:
rosa negra a media noche,
uña de gato en tu piel desnuda.


Porque el grajo ya no advierte
de las tormentas de tus ojos.

Y te siento como gota en el lápiz
que sostiene mi duelo ensangrentado;
y te siento marchita como otoño,
cristal derramado por mis venas de alcanfor;
como hielo picado en un pliegue de mi boca;
como el prisma que refracta tus delirios
en imágenes que mienten sobre un lienzo
acabado por la huella de tu mano.


Intento recordar aquellas noches
en las que posabas mariposas en mi vientre
y, los pétalos, eran tus miradas de papel.

Mi prisión de tiempo desvanece el fuego
que guardábamos para el frío del invierno
y, ahora, la escarcha cuelga cristalina
sobre un olvidado limonero caduco
con desafiantes espinas de recuerdo;


y la luz atesora su escondite color malva
tras la mirada de un niño de incubadora.

jueves, 18 de agosto de 2011

El círculo

El círculo completa el oscuro lamento del indígena;
las llamas brotan de los ojos ensangrentados;
la visión adopta la postura del guerrero
y su danza se eleva hacia el precipicio sin retorno;
la carne devorada salpica al auditorio circunspecto.
Al fin, el reto es asumido y la mueca satisfecha
en las bocas prisioneras de su rostro;
bocas que no sacian corazones
sedientos de luz y oscuridad;
todo se funde; todo se derrama;
el hombre regresa a su reflejo.

martes, 16 de agosto de 2011

¿Qué es lo que pretendo?

¿Qué es lo que pretendo? Me preguntas vanidosa.
Pretendo tan sólo el ocaso del cielo
completando los vacíos entre el aire y el alma.

¿Qué es lo que pretendo? Me preguntas con tu insidia en la mano.
Pretendo tan sólo la voz sin juicio de la mañana
en un despertar casi caníbal en mis versos;
caníbal me considero antes que yermo;
caníbal de  besos de destierro
y caricias de presos
en la última noche de sus huesos.

Y tu voz comienza a sonar temblorosa
cuando escucha lo que tu sombrero de presa le presupone
de mis palabras, que no son palabras
sino herramientas del alma sin máscaras impuestas;
sino herramientas de lobo en plenilunio de los verbos.

¿De qué verbos me tramas en tus dardos?
te pregunto yo ahora con el yugo en la mano;
el yugo que acechante me lanzas
con tus flechas de mal agüero por la espalda;
¿de qué preguntas y de qué respuestas estamos tratando?;
si ya no escuchas lo que tus oídos perdieron
en el sueño al que te encomiaste en el eclipse de tus miedos.

Yo ya no te marco más mis pisadas
para que las borres con tu rastrillo de veneno;
yo ya no respondo más preguntas
pertrechadas por el ego de tu sombrero;
que la maldición de tus verbos
ya no dañan más mi espíritu sin dueño.

Busca al corderito que perdió su morada
para devorar cada uno de sus miembros,
que yo me lanzo al vacío de los sueños
donde la luz y las sombras se funden
en un beso, en el precipicio del comienzo;
allá donde el vuelo de las águilas
alberga la visión del mundo más sincero;
allá donde me aleje de tu envenado sombrero;
allá donde vuele sin el yugo de tu sexo;
allá donde el loco vuelve a ser el dueño;
allá donde mis versos encuentren su alimento.

domingo, 5 de junio de 2011

Basta ...

Basta que no  diga nada para que me escuches;
basta que  diga todo para que me ignores;
el silencio suele ser más doloroso
cuando  una mueca dice más que las palabras;
cuando un suspiro se me escapa entre la boca
temerosa de caer en el olvido;
que por más que hable, no te digo nada,
que por más que escuche, sólo hay gritos;
que no es más sabio quien más grita
y tampoco menos quien más calla;
basta con un dedo entre labios
para que resulte más de lo que escribo;
cuando los versos sienten más que dicen
y ya no cuentan lo que digo:             
                                             un deseo,
                                                             un anhelo
                                                                              y un suspiro…

El horizonte ha caído en el olvido


El horizonte ha caído en el olvido,
ya nadie mira los crepúsculos,
ni velan los suspiros en amaneceres
prohibidos, sueño de los pájaros sin dueño.

Palabras huecas en las bocas traicioneras
anhelan lo que llenas con tu brazo,
y tu voz es un cangrejo en la laguna
donde vierten los despojos de la aurora,
perseguida por el Santo:
matémoslo, hermanos, con silencio,
con los bailes de  máscaras sangrientas
y los tambores redoblen la venganza;
que las canciones tiemblen las montañas;
que ellas nos recuerden en el tiempo
que un día fuimos libres como el águila;
que un día habitamos junto al viento;
alcemos en alto nuestros miembros,
mostremos al mundo nuestras yagas,
robemos el pan al centinela
que vela en la puerta del Olimpo;

calla el grito en las palabras
y grita el silencio con tus armas
que ya aguardan demasiado,
sé que tú lo sabes, sé de lo que callas.

Anoche los cristales iluminaron las pupilas

Anoche los cristales iluminaron las pupilas.
Cortinas humeantes de huecos descosidos,
un rostro resignado de piel amordazada:
anciana de ojos tristes y párpados quemados
prisionera en el castillo donde habita el sufrimiento
se asoma sin palabras, asume su destino,
las letras se desbordan en el río de lo humano.

Las voces de estos versos reprimen los suspiros
de un esposo y campesino entornando su mirada
amarillenta que atraviesa su traviesa condición,
del hombre que es más hombre si consigue su alimento.

Las arrugas disimulan el veneno de su abrigo
y los colores del crepúsculo embellecen la venganza.
La princesa en su castillo reza su rosario
entre llamas que incineran una vida de castigo.

La libertad brota de la sangre derramada
antes de ser estancada por el llanto;
la justicia no sabe del vuelo de los pájaros;
el reloj de cuco sigue dando bien las horas.

Cuando al fin la tarde ya está triste

Cuando al fin la tarde ya está triste
y el dedo en el verso no perdona:
tristeza enredadera de zarza con espinas
cubre la sangre dentro de las yagas.

Melodía de este pájaro que arde en el recuerdo,
si es recuerdo el crepúsculo caído;
en una noche de voces y penumbra
ilumina los cuerpos ardientes en deseos
de quitar las yerbas que, malbien, encubrieron
el absurdo juego que esconde un elemento:
inocente aparece tras el velo, duelo del verdugo;
guadaña reprimida en la mano de aquel santo;

los gritos se confunden con los pájaros en vuelo,
rondando las entrañas: alimento miserable;
el juego no termina si no termina con el tiempo;
esta noche el silencio confunde al enemigo.

lunes, 4 de octubre de 2010

Mi corazón palpita...

Mi corazón palpita
sin pedir turno;
mi soledad cabalga
sobre mi regazo, enamorada;

me pide consejos
acerca de retórica
mas yo no le contesto,
tan sólo la escucho,
tan sólo la siento;

escudriñamos cada rincón olvidado
como nuevos amaneceres perdidos
que desatan por dentro suspiros
y enamoran mi alma indígena:

¡ya no teme!
¡ya no lamenta!
¡ya no se compadece!

Entona la percusión sin retorno
y retorna a la danza del fuego,
salpicando un breve taconeo
que despierta mi ser adormecido;

danzando, sin rostro ni vestido,
desnuda replica este compás;
mas sólo escucho lo que siento;
mas sólo siento cuando vivo.

Nuevo amanecer

Al fin la carcasa se abre,
el aire respira, aliviado,
tras una mirada redentora
de máscaras lúgubres, sin hueco en los ojos.

La pupila que caía hacia abajo
abre sus cuencas anquilosadas
de óxido amarillento de un pretérito.

El amanecer dilata un nuevo día
lleno de páginas en blanco por escribir;
y nuevas tintas de fluidos vitales
rellenan mi pluma traída por el águila;

y mi voz resuena desde la altura,
capicúa de sonidos en nueva clave,
elevando mi estructura hacia el vacío
que rellena lo que antes rebosaba;
completando lo que debe ser sin ser;
susurrando lo que no puede ser prometido;
gritando aquello que es silencio;
callando al silencio con un grito;

mi infante agita el sonajero
rodeando la melodía con el tiempo,
involucionando a mi decrépito ser
hasta el huevo en el útero del averno;
al compás que replica mi sonajero
yo danzo la melodía junto al tiempo.

lunes, 21 de junio de 2010

Anacronía

I
El tiempo se estrella en mis recuerdos,
en un desliz de mementos escondidos,
tras la cortina nebulosa de los días
difusos en páginas en blanco.

Porque no recuerdo si he vivido
o he vivido demasiado y no recuerdo;
si alguien me conoce:
¡que me diga dónde vivo!;
si alguien me ha visto:
¡me convenza de que existo!

Si hay un mañana,
que el pasado se ha perdido
entre hojas secas del otoño,
y el presente yo no lo he visto,
me recuerde a su alcance;
me susurre quién he sido,
para enterrar al olvido
entre los retales del tiempo
capicúo y retorcido.


II
Mi pasado mañana,
que es futuro inmediato,
como espinas de oxidado alambre
estrangulan mis deseos infantiles,
arañan el féretro de mi infancia
y el barniz de mi inocencia prostituta.

La aurora me acaricia con sus uñas
de tibio esmalte ennegrecido
y desecho del presente entre la carne
que arruga mi piel bajo mis ojos;

pero aún te tengo a ti,
mi sabia y amada consejera;
te guardo mi último suspiro,
espero que tú me des tu abrazo
y me cantes la nana de los vientos,
sin recuerdos, ni olvido, ni tormento,
y mi danza de un réquiem ya dispuesto
eleves al vacío con tu aliento;
al recuerdo de todo el universo
que es la muerte de mi olvido pasajero.

lunes, 14 de junio de 2010

La flecha del poeta

Los versos sin decoro ni censura,
la palabra contenida del esclavo,
la lengua que me muerdo cuando hablo;
la flecha del poeta no murmura,
es grito de locura desolado
que atraviesa la máscara del pueblo;
el veneno mortal de su saeta
es antídoto en corazón adormecido,
es rumor, en la noche enfebrecido,
de muchedumbre alzando sus antorchas,
clamando la muerte más valiente,
arrancando el soneto del soldado,
la copla del ciego abandonado,
la hoguera por un rito demoníaco,
la heregía de la monja en el convento,
la mirada a una tierra de esperanza
del guerrero de la azada y el rastrillo;
no pienses sino siente lo que digo
que por más que amordacen tu albedrío
estos versos no dejarán de repetirlo.

domingo, 6 de junio de 2010

Escalones inalcanzables

Escalones inalcanzables:
mis ojos llenos de lágrimas
contenidas en el féretro de mi silencio;
incomprensible mi lamento callado;
innombrable mi desilusión amordazada;
incontables mis llagas tremebundas.

Me ahogo en el eco de tu recuerdo,
ayer me lanzaba a un abismo camuflado,
alzaba mi corazón pleno al horizonte,
hoy embalsamado por el frío de tu mirada;
arrodillado espero caer la guillotina,
sin miedo, sin dolor, sin nada de nada,
tan sólo un dulce vacío resignado,
único alimento de mi alma encadenada.

Escalones inalcanzables
para mis resortes inválidos,
acabados por el tiempo sin incógnita;
óxido sabor el que alberga mi garganta;
tibia nostalgia la que fluye entre mis venas;

Sólo necesito la vacua transparencia,
tan sólo pretendo el brillo de la luna,
el silbido del viento recorriendo mis grietas,
el redoble mudo de la tinta de mi pluma,
un réquiem esmerado por mis sueños mutilados
que me saque una lágrima
para llorarme desde dentro,
mientras me acurruco aliviado
en el fondo del pantano,
mientras ahogo mi llanto
en un rostro abandonado.

Escalones inalcanzables
para mis resortes inválidos.

miércoles, 2 de junio de 2010

Ayer abrí el vino del mañana

Ayer abrí el vino del mañana,
me lancé al olvido,
pero me recordé una vez más
olvidándome de ti;
me reinventé de nuevo
en cada sorbo añejo
y pasé página
en mi libro de las decepciones
y de los arrepentimientos;

juntos nos emborrachamos,
mi ayer y el mañana,
creando un solsticio intermedio;
recreando el soliloquio del náufrago;
mancillando el lamento del soldado;
retrasando el momento pasado;
los segundos de la hora repetida
en cada fotograma de mi rostro;
renombrando cada argumento
de mi lucha perdida,
que hoy será la tregua de los casados;
el año sabático;
el silencio después del orgasmo.

Así para, luego, arrancarme la piel,
desde dentro,
desde la osamenta hasta el recuerdo;
desde el olvido hasta el anhelo;
desde que vivo hasta que muero.

martes, 1 de junio de 2010

No sé qué es peor

No sé qué es peor,
si esconder la mano
o tirar la piedra;
no sé qué es peor,
si seguir mi celibato
o volar hacia el pecado;
no sé qué es peor,
si esconderme en tu regazo
o tirarme al fuego;
si mirar abajo
o mirar al cielo;
si saludar y dar la mano
o escupir con todo mi desparpajo;
si fingir que existo
o existir fingiendo;
si detener el tiempo
o matarlo a hachazos;
si olvidar mi recuerdo
o recordarme desesperado;
no sé qué es peor,
si quedarme quieto
o correr cuesta abajo.

No sé qué es peor, la verdad,
no sé qué es peor.

lunes, 31 de mayo de 2010

Máscara

Tu mano, que es la mía,
toca mi cara,
que no sabe si es la mía
o es una máscara.

viernes, 21 de mayo de 2010

se te ha caido la mirada

Se te ha caído la mirada....
¿No lo ves?
No para de colgar....

Tu mano sostiene tu cara y tu cara tu mirada,
y todos cuelgan,
y todos infinitos bailan,
y todos inconscientes flotan.

Se te ha caído la mirada y con ella el tiempo y la humanidad.

Tu mirada a caído entre bestias desmembradas de tanta soledad,
entre seres disfrazados de humildad.

Tu mirada se ha derramado gota a gota en cuencos infinitos,
cuencos,
que pusiste cada uno en su lugar.

Tu mirada se ha callado y no nos contará cómo.
Tu mirada se ha callado y no nos contará cómo arrancar la razón de este pensamiento.

Ahora,
pareces un hueco,
un hueco profundo y brillante de felicidad,
eres hueco de ojos vacíos,
de ojos que ya no saben mirar,
de ojos que por fin libres
pueden volar.

Davidrey...

miércoles, 19 de mayo de 2010

Mundo arcano

Resignado,
mudo,
atorado;
trago hacia dentro
en este mundo arcano,
regurgito por dentro
saliva amarga.
Llanto, tras un orgasmo,
por una mano encadenada,
ahora redentora,
liberadora de mi asco.

Rabia,
dolor,
desencanto;
una cana en el flequillo,
unos ojos de espanto;
una mirada,
la mía,
fija, en la baldosa,
de un cuarto de baño,
aséptico y cercado,
como este mundo arcano.

Frío,
pudor,
engaño;
transgénico alimento
consumes en silencio
convirtiéndolo en pecado.
Mientras,
ahí sigues:
aséptico,
encadenado,
mirando la baldosa,
sentado,
en el lavabo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

salto al espejo


De improviso
salto una verja,
de improviso
no toco el suelo:vuelo.
De improviso salto la verja,
mi sorpresa: averiguar que ya lo había hecho,
ahí,
frente a mi mismo
me observo,
frente a mi mismo,
mirandome... riendo.
De improviso
me cuento,
una y mil veces
que esto ya lo había hecho,
que esto nunca lo recuerdo.

Juntos, bailamos un verso
y mirándome a mi mismo
a los ojos lo recuerdo,
esto, ya lo había hecho.

De improviso,
antes de olvidarlo todo,
comienza el recuento,
cada verso,
cada beso,
cada día que olvide que el miedo
es la falta de recuerdo.

Me observo....

Salto la verja que ya me dio vertigo,
ando caminos por los que ya no soy viajero,
observo abismos que siempre estuvieron repletos.

Me observo...
Me recorro con la punta de los dedos...
como espejo que busca en otro espejo,
juntos: infinito...
Infinito que ahora ya no recuerdo.

Davidrey (homenaje al eterno retorno)

Tu vacío

Gota a gota caigo
por el hueco de tu mirada;
gota a gota relleno
tu cuenco vacío.
En él aúlla el viento
recorriendo sus paredes
desiertas,
ahora, son mis pulsiones
líquidas
quienes forman el único
arroyo
entre tanta nada;
antiguos horizontes
yacen inertes
flotando en él,
a la deriva,
cayendo,

por el desagüe del olvido.

¡Qué inmensa nada!
¡Qué inmenso vacío!

Mientras,
construyo un navío
que me saque de este
naufragio.
Con las velas rotas
de tus antiguos deseos
difuntos
navego en busca de un hálito
de vida,
pero sólo encuentro
el eco de tu suspiro,
la voz tenebrosa
de tu acostumbrado quejido,
que ha germinado,
todo tu universo,
de un inmenso vacío.
Lo que antes era
un estado de espera
en espera eterna
se ha convertido...

¡Qué inmensa nada!
¡Qué inmenso vacío!

domingo, 9 de mayo de 2010

Y es que esto se acaba...

Detengo el tiempo en tu mirada,
inexorablemente me desgasta;
cuando pienso en lo que no he sido,
me doy cuenta de que esto se acaba.

Un pensamiento vuela en un suspiro;
Suspiros reclaman el alba;
¡alba que ocultas un motivo!:
que no hemos vivido, y esto se acaba.

Cayó mi latido en latente delirio;
El viento devolvió mi mirada;
Anduve descalzo a recuperar mi suspiro,
el viento me dijo que esto se acaba.

Dejando el delirio dentro de una botella
sobrio corrí a saltar con la luna,
Artemisa esperaba con su arco y su flecha,
juntos cazamos un instante que escapa.

Entre suspiro y suspiro, un pensamiento divaga,
arrebatando un instante que ya se ha perdido;
Y es que el tiempo dice que no hemos vivido;
Y es que el viento pregona que esto se acaba;