EL PATHOS DE LA DISTANCIA

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lunes, 21 de junio de 2010

Anacronía

I
El tiempo se estrella en mis recuerdos,
en un desliz de mementos escondidos,
tras la cortina nebulosa de los días
difusos en páginas en blanco.

Porque no recuerdo si he vivido
o he vivido demasiado y no recuerdo;
si alguien me conoce:
¡que me diga dónde vivo!;
si alguien me ha visto:
¡me convenza de que existo!

Si hay un mañana,
que el pasado se ha perdido
entre hojas secas del otoño,
y el presente yo no lo he visto,
me recuerde a su alcance;
me susurre quién he sido,
para enterrar al olvido
entre los retales del tiempo
capicúo y retorcido.


II
Mi pasado mañana,
que es futuro inmediato,
como espinas de oxidado alambre
estrangulan mis deseos infantiles,
arañan el féretro de mi infancia
y el barniz de mi inocencia prostituta.

La aurora me acaricia con sus uñas
de tibio esmalte ennegrecido
y desecho del presente entre la carne
que arruga mi piel bajo mis ojos;

pero aún te tengo a ti,
mi sabia y amada consejera;
te guardo mi último suspiro,
espero que tú me des tu abrazo
y me cantes la nana de los vientos,
sin recuerdos, ni olvido, ni tormento,
y mi danza de un réquiem ya dispuesto
eleves al vacío con tu aliento;
al recuerdo de todo el universo
que es la muerte de mi olvido pasajero.

lunes, 14 de junio de 2010

Terrorismo escondido

    Estimado lector, he de relatar un hecho que me ocurrió el otro día de suma importancia, cuando bajaba del autobús y un hombre mayor, de buena presencia, me pidió un cigarro. Le respondí que sí, por supuesto, pero que era de liar. Él me dijo que no sabía liar -con sesenta años y no sé liar, hijo -argumentó- . Me ofrecí sin problema a hacerlo por él, mientras me decía que no tenía dinero, no sólo para tabaco sino tampoco para comer, que estaba haciendo tiempo porque llovía y esa noche la iba a pasar en un cajero. Me sorprendí y le pregunté que por qué no buscaba trabajo y respondió, con toda la lógica, que con sesenta años quién le iba a dar trabajo. La verdad es que si no encontramos los jóvenes, cuanto menos una persona de sesenta años. Me relató su historia, y es que el hombre, trabajador de la construcción, se quedó sin empleo, debido a nuestra por todos conocida crisis, a falta de cuatro letras por pagar del piso. En un mes lo desahuciaron, a nueve meses de su jubilación anticipada, a nueve meses de tener una paga de quinientos o seiscientos euros para vivir, más o menos, dignamente, abocándolo a la mendicidad y la hambruna. -Hay que pasar la tormenta como sea -me decía mi amigo-. Mientras tanto duerme en pensiones cuando se la pueden pagar las institución sociales y come algún bocadillo cuando un amable policía le subenciona la cena. Ese mismo día, pidiéndole este servicio a uno de ellos, a los que velan por nuestra seguridad, le dijo que se buscara la vida y que durmiera en un cajero. Al día siguiente se iba en autobús a Córdoba, donde le iban a pagar una pensión los asuntos sociales de allí, y de ahí a Ciudad Ral, por el mismo motivo; obligado a viajar de una lado a otro, durante nueve meses, allí donde le dan cobijo y comida, su único objetivo cada día. Pero ahora viene lo peor, Todos los años pagados del piso se los queda el banco, todos esos miles de euros; pero no sólo eso, el piso lo ponen en subasta y también ganan de nuevo el precio entero de éste, claro, ganan el doble de lo que iban a ganar con mi amigo. Pero, ¿dónde está la humanidad? ¿es una máquina quien ha llevado a cabo tal actuación?. No me imagino a ese hombre o mujer llegar a casa y contarle un cuento a sus hijos antes de ir a dormir. Aunque en los campos de exterminio nazi también había personas encargadas de darle al botón de la cámara de gas, por un sueldo. Lo que me lleva a la inevitable deducción de que los bancos son una especie de máquinas que, como en la película de Matrix, nos están mortificando la vida, se están apoderando del mundo. O, tal vez, sean como aquellos recaudadores de impuestos de la edad media que de niños veíamos en las películas de dibujos y tanta rabia nos daban. Quizá, también se puedan comparar con los terroristas que arruinan las vidas de las personas, sin escrúpulos y sin pie al diálogo, ya que sólo entineden de manera exacerbada de sus principios radicales y totalitaristas: el dinero. Mírate en el espejo: ¡este rostro es el tuyo, humano!
    La reflexión que se sigue de aquí es la que me desgarra por dentro por pertenecer a esta especie: los bancos subencionaron la explosión inmobiliaria de los pasados años a las empresas constructoras, pero también a aquellos que querían comprar una propiedad en una de esas urbanizaciones, pisos y casas especuladas hasta la barandilla del balcón. Prestándoles a todos dinero imaginario con unos intereses que, si no lo doblaban, sí que aumentaban notablemente su valor, a pagar en un periodo tan cómico de tiempo de ¡treinta a cincuenta años!, que me saca un inevitable: ¡ja,ja,ja!. No te suena esto, querido lector, a algo abolido desde hace años, a saber, trabajar toda tu vida para alguien por un techo. Y me pregunto ¿la Constitución Española es un tebeo de Mortadelo y Filemón?, porque, si es así, la hubiéramos leido más y, por lo menos, nos hubiéramos reído.
Finalmente: si los bancos han prestado un imaginario dinero a empresas constructoras y partículares para crear esta crisis causada por un crecimiento insostenible de la llamada burbuja inmobiliaria, y los trabajadores de la construcción como mi amigo, que se han quedado sin trabajo por esta causa, no pueden pagar las últimas letras, y después de haber pagado miles de euros, les tiran a la calle estos mismos protagonistas, quedándose con todo ese dinero pagado que, indudablemente, les pertenecía a los humildes trabajadores, o al menos parte de él; dinero pagado con el sudor a pleno agosto en la obra, para después, desentenderse de su protagonismo en esta desoladora crisis y, no sólo eso, sino que encima dejan de dar préstamos en el momento que más se necesitan y exigen solventar inmediatamente los anteriores, requiriendo medidas inminentes al gobierno para solucionar la crisis, como si fuera ajena a ellos, como la subida de impuestos a los trabajadores; y en el caso de mi querido comarada subastan su piso y vuelven a sacar todo el dinero por el que lo vendía la empresa constructora, que ahora es para ellos, además de la ganancia con los préstamos para las dichas promotoras y constuctoras, con todos sus implícitos intereses y, por último, lo que ganan con cada euro que nos venden; el resultado de esta ecuación da, matemáticamente, un resultado inequívoco de robo sin escrúpulos, o también: TERRORISMO ESCONDIDO.
    Sin más me despido, mi querido lector, dejándote esta enfurecida reflexión como denuncia al terrorismo que se está aplicando a todas aquellas personas como mi amigo que, mientras esta noche duerma en mi cama confortablemente, no podré dejar de preguntarme ¿en qué cajero estará durmiendo esta noche?. ¿No se preguntará lo mismo el banquero que ha ejecutado esta obra terrorista?

La flecha del poeta

Los versos sin decoro ni censura,
la palabra contenida del esclavo,
la lengua que me muerdo cuando hablo;
la flecha del poeta no murmura,
es grito de locura desolado
que atraviesa la máscara del pueblo;
el veneno mortal de su saeta
es antídoto en corazón adormecido,
es rumor, en la noche enfebrecido,
de muchedumbre alzando sus antorchas,
clamando la muerte más valiente,
arrancando el soneto del soldado,
la copla del ciego abandonado,
la hoguera por un rito demoníaco,
la heregía de la monja en el convento,
la mirada a una tierra de esperanza
del guerrero de la azada y el rastrillo;
no pienses sino siente lo que digo
que por más que amordacen tu albedrío
estos versos no dejarán de repetirlo.

domingo, 6 de junio de 2010

Escalones inalcanzables

Escalones inalcanzables:
mis ojos llenos de lágrimas
contenidas en el féretro de mi silencio;
incomprensible mi lamento callado;
innombrable mi desilusión amordazada;
incontables mis llagas tremebundas.

Me ahogo en el eco de tu recuerdo,
ayer me lanzaba a un abismo camuflado,
alzaba mi corazón pleno al horizonte,
hoy embalsamado por el frío de tu mirada;
arrodillado espero caer la guillotina,
sin miedo, sin dolor, sin nada de nada,
tan sólo un dulce vacío resignado,
único alimento de mi alma encadenada.

Escalones inalcanzables
para mis resortes inválidos,
acabados por el tiempo sin incógnita;
óxido sabor el que alberga mi garganta;
tibia nostalgia la que fluye entre mis venas;

Sólo necesito la vacua transparencia,
tan sólo pretendo el brillo de la luna,
el silbido del viento recorriendo mis grietas,
el redoble mudo de la tinta de mi pluma,
un réquiem esmerado por mis sueños mutilados
que me saque una lágrima
para llorarme desde dentro,
mientras me acurruco aliviado
en el fondo del pantano,
mientras ahogo mi llanto
en un rostro abandonado.

Escalones inalcanzables
para mis resortes inválidos.

Las cosas suceden

Un trocito del recital "CONCERT DE POESÍA".
Fue un honor poder leer alguno de mis poemas en el Ateneu barcelonès, un lugar del que poco hay que decir.
Este humilde poeta se sintió emocionado de poder estar en esa catedral de las artes acompañado por tan grandes artistas.
Quiero agradecer a mis compañeros de recital su generosidad y su poesía, gracias: María Muñoz, Ignacio Bellido, Victor Vallejo, Rodolfo Navarrete, etc.... gracias


viernes, 4 de junio de 2010

Solo aspiro a más


Solo cuando las noches alicatan mis entrañas
escucho el silencio de los engranajes del tiempo,
entonces,
el negro mate que pinté en la suela de mis zapatos
aspira a más.

Cambié mi tono vital por una canción en el suelo de tu cocina,
pero siempre aspiro a más.

Arranqué mi piel por un pellizco,
pero siempre aspiro a más.

Diluí el color de mi ropaje
para dejar rastro de mi insistencia;
el brillo de mi paleta
espera en una botella de aceite.

Ahora,
no me comprenden más
que los pasos que no he dado;
me refugian estéticas
ensoñadas en resacas
pasadas por agua.

Ahora,
sólo camino
entre pasos
que siempre aspiran a más.

Sólo camino.

El vacío no comprende su situación;
sólo aspira a más.

Escucho el silencio de los engranajes del tiempo,
busco aquel minuto que fue hora y aquella hora que quiso ser vida;
Solo, recorro el tiempo que aún se curva sobre mi espalda.
El tiempo, que está vacío,
vacío que siempre aspira a más.
Davidrey

Campana de bronce

Las puñaladas de color que procuraste

suenan como la campana de bronce de mi mesita de noche;
Dos guardianes, envueltos por este sonido, velan mi almohada;

uno, dice vigilar mis sueños, y el otro, los tuyos.

El humo de la pipa del barquero se apaga,
lo entiendo,
estás conmigo.

Anoche soñé con tu presencia en mi espalda;
sin imágenes;
sin palabras;
sin sonidos;
la presencia más pura,
la que comprendes sin sentido.

Esta noche guardaré mis canicas

en una cajita que enterraré a la orilla del río,

ahí donde en sueños me reúno contigo;

si esta noche vienes;
si esta noche me reconoces
y quieres navegar conmigo,
prometo que,
antes de abrirla,
antes de despertar y volver al mundo de los vivos,
prometo que te pediré permiso.

Davidrey


miércoles, 2 de junio de 2010

Ayer abrí el vino del mañana

Ayer abrí el vino del mañana,
me lancé al olvido,
pero me recordé una vez más
olvidándome de ti;
me reinventé de nuevo
en cada sorbo añejo
y pasé página
en mi libro de las decepciones
y de los arrepentimientos;

juntos nos emborrachamos,
mi ayer y el mañana,
creando un solsticio intermedio;
recreando el soliloquio del náufrago;
mancillando el lamento del soldado;
retrasando el momento pasado;
los segundos de la hora repetida
en cada fotograma de mi rostro;
renombrando cada argumento
de mi lucha perdida,
que hoy será la tregua de los casados;
el año sabático;
el silencio después del orgasmo.

Así para, luego, arrancarme la piel,
desde dentro,
desde la osamenta hasta el recuerdo;
desde el olvido hasta el anhelo;
desde que vivo hasta que muero.

martes, 1 de junio de 2010

No sé qué es peor

No sé qué es peor,
si esconder la mano
o tirar la piedra;
no sé qué es peor,
si seguir mi celibato
o volar hacia el pecado;
no sé qué es peor,
si esconderme en tu regazo
o tirarme al fuego;
si mirar abajo
o mirar al cielo;
si saludar y dar la mano
o escupir con todo mi desparpajo;
si fingir que existo
o existir fingiendo;
si detener el tiempo
o matarlo a hachazos;
si olvidar mi recuerdo
o recordarme desesperado;
no sé qué es peor,
si quedarme quieto
o correr cuesta abajo.

No sé qué es peor, la verdad,
no sé qué es peor.