Tu cara está llena de temores;
tus ojeras no indignan tu pena,
sólo la resaltan,
hacen ver tu soledad taciturna.
Tu cara rebosa miedos presentes,
en el escalofrío de tu mirada se vislumbra,
por tus pupilas eclipsadas,
ahorcando tu brillo, que se desvanece.
Sé que lo sabes
por el reflejo de tu rostro
cuando lo miras de reojo
para no ver demasiado.
Sé que a veces le gritas
injurias, reproches, y condenas
sus actos marcados bajo la piel
de sus ojos, que es la tuya,
en un reflejo que no sabe
más que decirte la verdad.
Y así de triste lo ves,
cansado de castigos y lamentos,
de juicios e insultos desmedidos,
cuando sólo pretende decirte:
date tiempo.
Tu cara refleja tus temores,
tú lo ves, lo sabes, pero no te oyes.
El pensamiento intempestivo que se desprende de estas obras puede que se instaure en el lector tras su paso por ellas. Quizá, querido lector, una flecha alcance su mirada; quizá, querido lector, esta flecha lance su mirada hacia horizontes sin decoro ni censura; quizá, y tan sólo quizá, su mirada no vuelva a ser la misma. Si esto ocurre, habremos conseguido nuestro propósito: EL PATHOS DE LA DISTANCIA.
domingo, 18 de julio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
Anacronía
I
El tiempo se estrella en mis recuerdos,
en un desliz de mementos escondidos,
tras la cortina nebulosa de los días
difusos en páginas en blanco.
Porque no recuerdo si he vivido
o he vivido demasiado y no recuerdo;
si alguien me conoce:
¡que me diga dónde vivo!;
si alguien me ha visto:
¡me convenza de que existo!
Si hay un mañana,
que el pasado se ha perdido
entre hojas secas del otoño,
y el presente yo no lo he visto,
me recuerde a su alcance;
me susurre quién he sido,
para enterrar al olvido
entre los retales del tiempo
capicúo y retorcido.
en un desliz de mementos escondidos,
tras la cortina nebulosa de los días
difusos en páginas en blanco.
Porque no recuerdo si he vivido
o he vivido demasiado y no recuerdo;
si alguien me conoce:
¡que me diga dónde vivo!;
si alguien me ha visto:
¡me convenza de que existo!
Si hay un mañana,
que el pasado se ha perdido
entre hojas secas del otoño,
y el presente yo no lo he visto,
me recuerde a su alcance;
me susurre quién he sido,
para enterrar al olvido
entre los retales del tiempo
capicúo y retorcido.
II
Mi pasado mañana,
que es futuro inmediato,
como espinas de oxidado alambre
estrangulan mis deseos infantiles,
arañan el féretro de mi infancia
y el barniz de mi inocencia prostituta.
La aurora me acaricia con sus uñas
de tibio esmalte ennegrecido
y desecho del presente entre la carne
que arruga mi piel bajo mis ojos;
pero aún te tengo a ti,
mi sabia y amada consejera;
te guardo mi último suspiro,
espero que tú me des tu abrazo
y me cantes la nana de los vientos,
sin recuerdos, ni olvido, ni tormento,
y mi danza de un réquiem ya dispuesto
eleves al vacío con tu aliento;
al recuerdo de todo el universo
que es la muerte de mi olvido pasajero.
que es futuro inmediato,
como espinas de oxidado alambre
estrangulan mis deseos infantiles,
arañan el féretro de mi infancia
y el barniz de mi inocencia prostituta.
La aurora me acaricia con sus uñas
de tibio esmalte ennegrecido
y desecho del presente entre la carne
que arruga mi piel bajo mis ojos;
pero aún te tengo a ti,
mi sabia y amada consejera;
te guardo mi último suspiro,
espero que tú me des tu abrazo
y me cantes la nana de los vientos,
sin recuerdos, ni olvido, ni tormento,
y mi danza de un réquiem ya dispuesto
eleves al vacío con tu aliento;
al recuerdo de todo el universo
que es la muerte de mi olvido pasajero.
lunes, 14 de junio de 2010
Terrorismo escondido
Estimado lector, he de relatar un hecho que me ocurrió el otro día de suma importancia, cuando bajaba del autobús y un hombre mayor, de buena presencia, me pidió un cigarro. Le respondí que sí, por supuesto, pero que era de liar. Él me dijo que no sabía liar -con sesenta años y no sé liar, hijo -argumentó- . Me ofrecí sin problema a hacerlo por él, mientras me decía que no tenía dinero, no sólo para tabaco sino tampoco para comer, que estaba haciendo tiempo porque llovía y esa noche la iba a pasar en un cajero. Me sorprendí y le pregunté que por qué no buscaba trabajo y respondió, con toda la lógica, que con sesenta años quién le iba a dar trabajo. La verdad es que si no encontramos los jóvenes, cuanto menos una persona de sesenta años. Me relató su historia, y es que el hombre, trabajador de la construcción, se quedó sin empleo, debido a nuestra por todos conocida crisis, a falta de cuatro letras por pagar del piso. En un mes lo desahuciaron, a nueve meses de su jubilación anticipada, a nueve meses de tener una paga de quinientos o seiscientos euros para vivir, más o menos, dignamente, abocándolo a la mendicidad y la hambruna. -Hay que pasar la tormenta como sea -me decía mi amigo-. Mientras tanto duerme en pensiones cuando se la pueden pagar las institución sociales y come algún bocadillo cuando un amable policía le subenciona la cena. Ese mismo día, pidiéndole este servicio a uno de ellos, a los que velan por nuestra seguridad, le dijo que se buscara la vida y que durmiera en un cajero. Al día siguiente se iba en autobús a Córdoba, donde le iban a pagar una pensión los asuntos sociales de allí, y de ahí a Ciudad Ral, por el mismo motivo; obligado a viajar de una lado a otro, durante nueve meses, allí donde le dan cobijo y comida, su único objetivo cada día. Pero ahora viene lo peor, Todos los años pagados del piso se los queda el banco, todos esos miles de euros; pero no sólo eso, el piso lo ponen en subasta y también ganan de nuevo el precio entero de éste, claro, ganan el doble de lo que iban a ganar con mi amigo. Pero, ¿dónde está la humanidad? ¿es una máquina quien ha llevado a cabo tal actuación?. No me imagino a ese hombre o mujer llegar a casa y contarle un cuento a sus hijos antes de ir a dormir. Aunque en los campos de exterminio nazi también había personas encargadas de darle al botón de la cámara de gas, por un sueldo. Lo que me lleva a la inevitable deducción de que los bancos son una especie de máquinas que, como en la película de Matrix, nos están mortificando la vida, se están apoderando del mundo. O, tal vez, sean como aquellos recaudadores de impuestos de la edad media que de niños veíamos en las películas de dibujos y tanta rabia nos daban. Quizá, también se puedan comparar con los terroristas que arruinan las vidas de las personas, sin escrúpulos y sin pie al diálogo, ya que sólo entineden de manera exacerbada de sus principios radicales y totalitaristas: el dinero. Mírate en el espejo: ¡este rostro es el tuyo, humano!
La reflexión que se sigue de aquí es la que me desgarra por dentro por pertenecer a esta especie: los bancos subencionaron la explosión inmobiliaria de los pasados años a las empresas constructoras, pero también a aquellos que querían comprar una propiedad en una de esas urbanizaciones, pisos y casas especuladas hasta la barandilla del balcón. Prestándoles a todos dinero imaginario con unos intereses que, si no lo doblaban, sí que aumentaban notablemente su valor, a pagar en un periodo tan cómico de tiempo de ¡treinta a cincuenta años!, que me saca un inevitable: ¡ja,ja,ja!. No te suena esto, querido lector, a algo abolido desde hace años, a saber, trabajar toda tu vida para alguien por un techo. Y me pregunto ¿la Constitución Española es un tebeo de Mortadelo y Filemón?, porque, si es así, la hubiéramos leido más y, por lo menos, nos hubiéramos reído.
Finalmente: si los bancos han prestado un imaginario dinero a empresas constructoras y partículares para crear esta crisis causada por un crecimiento insostenible de la llamada burbuja inmobiliaria, y los trabajadores de la construcción como mi amigo, que se han quedado sin trabajo por esta causa, no pueden pagar las últimas letras, y después de haber pagado miles de euros, les tiran a la calle estos mismos protagonistas, quedándose con todo ese dinero pagado que, indudablemente, les pertenecía a los humildes trabajadores, o al menos parte de él; dinero pagado con el sudor a pleno agosto en la obra, para después, desentenderse de su protagonismo en esta desoladora crisis y, no sólo eso, sino que encima dejan de dar préstamos en el momento que más se necesitan y exigen solventar inmediatamente los anteriores, requiriendo medidas inminentes al gobierno para solucionar la crisis, como si fuera ajena a ellos, como la subida de impuestos a los trabajadores; y en el caso de mi querido comarada subastan su piso y vuelven a sacar todo el dinero por el que lo vendía la empresa constructora, que ahora es para ellos, además de la ganancia con los préstamos para las dichas promotoras y constuctoras, con todos sus implícitos intereses y, por último, lo que ganan con cada euro que nos venden; el resultado de esta ecuación da, matemáticamente, un resultado inequívoco de robo sin escrúpulos, o también: TERRORISMO ESCONDIDO.
Sin más me despido, mi querido lector, dejándote esta enfurecida reflexión como denuncia al terrorismo que se está aplicando a todas aquellas personas como mi amigo que, mientras esta noche duerma en mi cama confortablemente, no podré dejar de preguntarme ¿en qué cajero estará durmiendo esta noche?. ¿No se preguntará lo mismo el banquero que ha ejecutado esta obra terrorista?
La reflexión que se sigue de aquí es la que me desgarra por dentro por pertenecer a esta especie: los bancos subencionaron la explosión inmobiliaria de los pasados años a las empresas constructoras, pero también a aquellos que querían comprar una propiedad en una de esas urbanizaciones, pisos y casas especuladas hasta la barandilla del balcón. Prestándoles a todos dinero imaginario con unos intereses que, si no lo doblaban, sí que aumentaban notablemente su valor, a pagar en un periodo tan cómico de tiempo de ¡treinta a cincuenta años!, que me saca un inevitable: ¡ja,ja,ja!. No te suena esto, querido lector, a algo abolido desde hace años, a saber, trabajar toda tu vida para alguien por un techo. Y me pregunto ¿la Constitución Española es un tebeo de Mortadelo y Filemón?, porque, si es así, la hubiéramos leido más y, por lo menos, nos hubiéramos reído.
Finalmente: si los bancos han prestado un imaginario dinero a empresas constructoras y partículares para crear esta crisis causada por un crecimiento insostenible de la llamada burbuja inmobiliaria, y los trabajadores de la construcción como mi amigo, que se han quedado sin trabajo por esta causa, no pueden pagar las últimas letras, y después de haber pagado miles de euros, les tiran a la calle estos mismos protagonistas, quedándose con todo ese dinero pagado que, indudablemente, les pertenecía a los humildes trabajadores, o al menos parte de él; dinero pagado con el sudor a pleno agosto en la obra, para después, desentenderse de su protagonismo en esta desoladora crisis y, no sólo eso, sino que encima dejan de dar préstamos en el momento que más se necesitan y exigen solventar inmediatamente los anteriores, requiriendo medidas inminentes al gobierno para solucionar la crisis, como si fuera ajena a ellos, como la subida de impuestos a los trabajadores; y en el caso de mi querido comarada subastan su piso y vuelven a sacar todo el dinero por el que lo vendía la empresa constructora, que ahora es para ellos, además de la ganancia con los préstamos para las dichas promotoras y constuctoras, con todos sus implícitos intereses y, por último, lo que ganan con cada euro que nos venden; el resultado de esta ecuación da, matemáticamente, un resultado inequívoco de robo sin escrúpulos, o también: TERRORISMO ESCONDIDO.
Sin más me despido, mi querido lector, dejándote esta enfurecida reflexión como denuncia al terrorismo que se está aplicando a todas aquellas personas como mi amigo que, mientras esta noche duerma en mi cama confortablemente, no podré dejar de preguntarme ¿en qué cajero estará durmiendo esta noche?. ¿No se preguntará lo mismo el banquero que ha ejecutado esta obra terrorista?
La flecha del poeta
Los versos sin decoro ni censura,
la palabra contenida del esclavo,
la lengua que me muerdo cuando hablo;
la flecha del poeta no murmura,
es grito de locura desolado
que atraviesa la máscara del pueblo;
el veneno mortal de su saeta
es antídoto en corazón adormecido,
es rumor, en la noche enfebrecido,
de muchedumbre alzando sus antorchas,
clamando la muerte más valiente,
arrancando el soneto del soldado,
la copla del ciego abandonado,
la hoguera por un rito demoníaco,
la heregía de la monja en el convento,
la mirada a una tierra de esperanza
del guerrero de la azada y el rastrillo;
no pienses sino siente lo que digo
que por más que amordacen tu albedrío
estos versos no dejarán de repetirlo.
la palabra contenida del esclavo,
la lengua que me muerdo cuando hablo;
la flecha del poeta no murmura,
es grito de locura desolado
que atraviesa la máscara del pueblo;
el veneno mortal de su saeta
es antídoto en corazón adormecido,
es rumor, en la noche enfebrecido,
de muchedumbre alzando sus antorchas,
clamando la muerte más valiente,
arrancando el soneto del soldado,
la copla del ciego abandonado,
la hoguera por un rito demoníaco,
la heregía de la monja en el convento,
la mirada a una tierra de esperanza
del guerrero de la azada y el rastrillo;
no pienses sino siente lo que digo
que por más que amordacen tu albedrío
estos versos no dejarán de repetirlo.
domingo, 6 de junio de 2010
Escalones inalcanzables
Escalones inalcanzables:
mis ojos llenos de lágrimas
contenidas en el féretro de mi silencio;
incomprensible mi lamento callado;
innombrable mi desilusión amordazada;
incontables mis llagas tremebundas.
Me ahogo en el eco de tu recuerdo,
ayer me lanzaba a un abismo camuflado,
alzaba mi corazón pleno al horizonte,
hoy embalsamado por el frío de tu mirada;
arrodillado espero caer la guillotina,
sin miedo, sin dolor, sin nada de nada,
tan sólo un dulce vacío resignado,
único alimento de mi alma encadenada.
Escalones inalcanzables
para mis resortes inválidos,
acabados por el tiempo sin incógnita;
óxido sabor el que alberga mi garganta;
tibia nostalgia la que fluye entre mis venas;
Sólo necesito la vacua transparencia,
tan sólo pretendo el brillo de la luna,
el silbido del viento recorriendo mis grietas,
el redoble mudo de la tinta de mi pluma,
un réquiem esmerado por mis sueños mutilados
que me saque una lágrima
para llorarme desde dentro,
mientras me acurruco aliviado
en el fondo del pantano,
mientras ahogo mi llanto
en un rostro abandonado.
mis ojos llenos de lágrimas
contenidas en el féretro de mi silencio;
incomprensible mi lamento callado;
innombrable mi desilusión amordazada;
incontables mis llagas tremebundas.
Me ahogo en el eco de tu recuerdo,
ayer me lanzaba a un abismo camuflado,
alzaba mi corazón pleno al horizonte,
hoy embalsamado por el frío de tu mirada;
arrodillado espero caer la guillotina,
sin miedo, sin dolor, sin nada de nada,
tan sólo un dulce vacío resignado,
único alimento de mi alma encadenada.
Escalones inalcanzables
para mis resortes inválidos,
acabados por el tiempo sin incógnita;
óxido sabor el que alberga mi garganta;
tibia nostalgia la que fluye entre mis venas;
Sólo necesito la vacua transparencia,
tan sólo pretendo el brillo de la luna,
el silbido del viento recorriendo mis grietas,
el redoble mudo de la tinta de mi pluma,
un réquiem esmerado por mis sueños mutilados
que me saque una lágrima
para llorarme desde dentro,
mientras me acurruco aliviado
en el fondo del pantano,
mientras ahogo mi llanto
en un rostro abandonado.
Escalones inalcanzables
para mis resortes inválidos.
para mis resortes inválidos.
Las cosas suceden
Un trocito del recital "CONCERT DE POESÍA".
Fue un honor poder leer alguno de mis poemas en el Ateneu barcelonès, un lugar del que poco hay que decir.
Este humilde poeta se sintió emocionado de poder estar en esa catedral de las artes acompañado por tan grandes artistas.
Quiero agradecer a mis compañeros de recital su generosidad y su poesía, gracias: María Muñoz, Ignacio Bellido, Victor Vallejo, Rodolfo Navarrete, etc.... gracias
viernes, 4 de junio de 2010
Solo aspiro a más
Solo cuando las noches alicatan mis entrañas
escucho el silencio de los engranajes del tiempo,
entonces,
el negro mate que pinté en la suela de mis zapatos
aspira a más.
Cambié mi tono vital por una canción en el suelo de tu cocina,
pero siempre aspiro a más.
Arranqué mi piel por un pellizco,
pero siempre aspiro a más.
Diluí el color de mi ropaje
para dejar rastro de mi insistencia;
el brillo de mi paleta
espera en una botella de aceite.
Ahora,
no me comprenden más
que los pasos que no he dado;
me refugian estéticas
ensoñadas en resacas
pasadas por agua.
Ahora,
sólo camino
entre pasos
que siempre aspiran a más.
Sólo camino.
El vacío no comprende su situación;
sólo aspira a más.
Escucho el silencio de los engranajes del tiempo,
busco aquel minuto que fue hora y aquella hora que quiso ser vida;
Solo, recorro el tiempo que aún se curva sobre mi espalda.
El tiempo, que está vacío,
vacío que siempre aspira a más.
escucho el silencio de los engranajes del tiempo,
entonces,
el negro mate que pinté en la suela de mis zapatos
aspira a más.
Cambié mi tono vital por una canción en el suelo de tu cocina,
pero siempre aspiro a más.
Arranqué mi piel por un pellizco,
pero siempre aspiro a más.
Diluí el color de mi ropaje
para dejar rastro de mi insistencia;
el brillo de mi paleta
espera en una botella de aceite.
Ahora,
no me comprenden más
que los pasos que no he dado;
me refugian estéticas
ensoñadas en resacas
pasadas por agua.
Ahora,
sólo camino
entre pasos
que siempre aspiran a más.
Sólo camino.
El vacío no comprende su situación;
sólo aspira a más.
Escucho el silencio de los engranajes del tiempo,
busco aquel minuto que fue hora y aquella hora que quiso ser vida;
Solo, recorro el tiempo que aún se curva sobre mi espalda.
El tiempo, que está vacío,
vacío que siempre aspira a más.
Davidrey
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